Unidos para siempre…

Unidos para siempre…

Mis padres se casan. ¿¿A sus años?? ¡¡Sí!! Para inmortalizar este maravilloso acontecimiento hemos contratado, mis dos hermanos y yo, los servicios del estudio fotográfico Hevia Fotógrafos, un equipo asturiano dedicado desde siempre a la fotografía y que trabaja de una manera tan natural y tan original a la vez que nos ha encantado. Estos profesionales son verdaderamente los que necesitaban mis padres. Pues, debo especificaros que ellos nunca fueron lo que se dice una pareja “normal y corriente” ni actuaron jamás de la manera que por cultura, tradición, religión o época se hubiera esperado que hicieran. Hay que saber, en efecto, que mi padre es un judío sefardí y mi madre una palestina musulmana. Se conocieron en Suiza hace más de cuarenta años y se enamoraron perdidamente. Claro está que las familias de ambos no vieron de buen ojo esa historia de amor entre dos personas tan dispares en todos los sentidos e intentaron por todos los medios posibles separarlos: a mi madre le hicieron la vida imposible y la encerraron en casa vigilada por sus hermanos y demás familia durante las veinticuatro horas del día. Cuando por una cualquier razón tenía que salir de casa, siempre la acompañaba alguien para que no se cruzara con el “otro” y pudieran intercambiar tan sólo una mirada. Su padre le llegó incluso a pegar asegurándole que la repudiaría y que era la vergüenza de la familia y de toda la comunidad. En cuanto a la familia de mi padre tampoco se quedó ésta corto con él y tras cantidades de vejaciones e humillaciones continuas, optaron por mandarlo a casa de un tío materno que residía en España para alejarlo definitivamente de esa mala mujer que le había robado el corazón y vuelto loco (“Las mujeres no judías son burras”. (Berakoth 58 a). Dicha decisión es la que, no obstante, los salvó a los dos, porque mi tío y su esposa española eran más bien personas comprensibles y liberales. De hecho, fueron ellos quienes le facilitaron a mi madre escaparse del infierno en el que vivía…

shutterstock_438291982reducida

Para que un matrimonio mixto funcione, la pareja debe ser fuerte psicológicamente…

Hay que saber que cuando dos personas de culturas y religiones diferentes deciden unirse, las relaciones entre ambas familias (¡cuando las hay!) se ven perjudicadas de manera considerable. De hecho, no quieren relación con la nuera o el yerno en cuestión si ésta o éste es de otra confesión, de otra nacionalidad o de un color de piel distinto al de ellos. Con mis tíos, a pesar de ser judíos, mis padres tuvieron suerte porque eran bastante modernos y liberales en materia de religión y demás para la época (los dos eran profesores de universidad), pero no suele ser en regla general el caso, ya que a veces la otra familia puede llegar incluso a manifestar ciertos resentimientos y odio hacia el yerno o nuera “diferente”, de malo augurio según ellos para una futura relación adecuada y feliz. Para mis padres, así fue… Una noche, siguiendo los consejos de la esposa del tío de mi padre, prendió fuego a su cama y aprovechó el pánico que provocó dicho accidente para huir en el coche de unos amigos de estos últimos que la esperaban unas calles más abajo. Así empezó la aventura y una de las historias de amor más bonitas e increíbles que yo conozca entre dos personas distintas en todo pero unidas por un amor tan fuerte que supieron hacer frente a todos los obstáculos que se presentaron frente a ellos, a pesar de haberse convertidos en parias en el seno de sus familias y comunidades respectivas de las que ya no supieron nada nunca más. Por ello os digo que hay que ser verdaderamente fuerte psicológicamente para apartarse de la familia y de la comunidad que nos ha visto crecer para poner a salvo un amor prohibido. No se casaron, pero vivieron juntos y tuvieron hijos, mis dos hermanos mayores y yo. Para la época, no era nada común y mi madre tuvo que escuchar más de una vez calificativos groseros y despectivos. Pero el amor, cuando éste es verdadero y fuerte, puede con todo. Y aquí los tenéis cuarenta años más tarde amándose con una ternura similar a la del  primer día y orgullosos de haber desafiado y afrontado los prejuicios de una sociedad intolerante, xenófoba y machista. Un amor sacralizado por una unión civil íntima, en presencia únicamente de los hijos, nietos y unos pocos amigos. Un amor inmortalizado sobre papel y cd por  Hevia Fotógrafos, un equipo asturiano de fotografía de una sensibilidad y profesionalidad tales que ha sido capaz de captar esa esencia, ese amor que fluye entre mis padres desde hace tantos años. Unidos para siempre…