Consejos para una buena sesión fotográfica con niños

Cuando Alfred Hitchcock dijo una de sus frases más conocidas en la Historia del Cine, estaba dejando entre líneas una afirmación que escondía mucha ironía, pero un mensaje muy válido. “Nunca se te ocurra hacer una película con animales, ni con niños, ni con Charles Laughton”, dijo. Sin embargo, lejos de una animadversión hacia ninguno de los tres, lo que sí manifestaba el cineasta era la dificultad que entrañaba el control de los niños, siempre imprevisibles, a través de la dirección. ¿En las sesiones fotográficas pasa igual?, ¿es posible fotografiar en condiciones a un pequeño? Nosotros creemos que sí. Pero hay que seguir una serie de pasos antes de comenzar. Es recomendable poder contar con unos distribuidores de ropa infantil de confianza para poder tener siempre un vestuario para las sesiones. La ropa es un elemento importantísimo a la hora de establecer una variedad delante de la cámara y que el niño intercambie las  vestimentas. Incluso ese intercambio se puede convertir en una especie de juego para que el niño pierda la rectitud y la vergüenza que le puede imponer el aparataje de la sesión. Lo cierto es que, delante de la cámara, un niño es un ejemplo de espontaneidad. Por eso nos gustan tanto las sesiones de fotos con pequeños, porque se muestran tal y como son, sin imposturas, que los adultos sí pueden traer a la imagen.

Otro de los consejos que podríamos aplicar para una sesión con niños sería la posibilidad de contar con modelos de confianza. En este sentido, no tendrá nada que ver la predisposición de un niño al que no conocemos de nada todavía que la del hijo de un buen amigo, de nuestra hermana o cualquier otro chico o chica con la que ya tengamos una cierta relación diaria o habitual. Delante de la cámara, todo se nota. Esta relación de parentesco o amistad con la familia se puede traducir en una predisposición mayor al juego y, por lo tanto, a la espontaneidad; algo que puede traducirse en una naturalidad en la fotografía que sería muy difícil alcanzar de cualquier otra forma. Incluso si los modelos fuesen adultos.

En los últimos tiempos se han incorporado mucho las fotografías de los hijos, por ejemplo, a las felicitaciones navideñas. Se ha convertido en el nuevo “christmas” de moda. De esta forma se cumplen dos objetivos, por así decirlo: el primero, los padres pueden presumir de hijos; lo segundo, el que recibe la felicitación puede ver cómo ha crecido el pequeño desde la última vez que se han visto, o lo bien que le sienta posar para la cámara. Y presumir de sobrino, hijo de amiga o la relación que tengamos con el pequeño.

Otro de los consejos que podríamos dar para realizar estas sesiones de fotos con niños para calendarios u otro tipo de publicaciones, o incluso para books personales de la familia, desoiría la recomendación de Alfred Hitchcock con la que se abre este texto y seguramente enfurecería al cineasta norteamericano. Se trata de incorporar animales a la sesión. Los niños suelen generar un vínculo con los animales de una forma rapidísima. Esta relación de amistad puede ayudar a que la naturalidad llegue a la sesión, ya que el perro también juega con el niño y no es consciente de estar delante de una cámara. En ese vínculo de amistad y juego que pueden llegar a crear el niño o niña y el animal se esconden multitud de imágenes, se oculta la naturalidad que anhela siempre el fotógrafo.

Por lo tanto, recapitulemos los tres consejos. El primero se reduce a la necesidad de intercambiar vestuario, tanto para la variedad en las sesiones como para favorecer que el niño se tome la sesión como una especie de juego de ropas, disfraces y camuflajes. En este sentido, es vital contar con proveedores de ropa infantil de confianza para poder tener un pequeño armario lleno. El segundo consejo va más encaminado a la propia confianza y el vínculo con el modelo, ya que si es conocido será más accesible. Y, por último, la posibilidad de incorporar animales para ganar en naturalidad y diversión. Y… ¡clic!